Sobrevivir, mejorar y volver a empezar: cuando la oscuridad engancha más de lo que esperábamos

- Título: Lunar Tide
- Desarrollador: Whipli
- Editor: Whipli
- Distribuidor: Whipli
- Plataformas: PC
- Fecha de salida: 2 de febrero de 2026
- Jugadores: 1
- Idioma: español, catalán, inglés
- Cómpralo: Lunar Tide
Lunar Tide es la nueva propuesta del desarrollador Whipli, que se lanza a un terreno cada vez más transitado como es el de los survivor con ADN roguelite. Un género que no deja de ganar adeptos por lo adictivo que resulta. Son juegos perfectos para partidas cortas, casi “cafeteras”. Sentamos, jugamos veinte minutos, sobrevivimos, o puede que no, y volvemos a nuestras tareas.
Cuando hablamos de este tipo de propuestas, es inevitable no pensar en Vampire Survivors. Sin embargo, donde personalmente terminé de engancharnos fue gracias a producciones nacionales como Nordic Ashes: Survivors of Ragnarok o Driveloop: Survivors, que demostraron que desde aquí también se podía competir con personalidad. Ahora, Whipli recoge el testigo con un título que apuesta por la fantasía oscura, la acción constante y una progresión que insiste en que lo intentemos “una vez más”.
Un juego que desde los primeros compases deja claras sus intenciones mediante hordas interminables, cuatro clases distintas a escoger y un objetivo sencillo de entender pero difícil de dominar. Resistir hasta el amanecer.
En Lunar Tide no hay una trama como tal, su premisa es funcional e invita al jugador a sobrevivir hasta que la luz del sol disipe una oscuridad ancestral que lo devora todo. No hace falta nada más. Aquí la historia es un telón de fondo, un susurro que justifica el caos en pantalla. Cada partida se siente como una escaramuza dentro de una guerra de mayor calibre, pero el peso recae en la supervivencia pura y dura. En ese contador invisible que nos empuja a mirar el reloj y pensar en dedicarle cinco minutos más.

Si nunca habéis probado un survivor, la fórmula es sencilla, tan solo tenemos que mover al personaje mientras este ataca automáticamente. Se puede jugar prácticamente con una sola mano. La profundidad no está en los botones, sino en las decisiones que tomemos.
Al comenzar podremos elegir entre un guerrero no muerto armado con espada sagrada o un hechicero que dispara proyectiles ígneos. Más adelante desbloquearemos un piromántico y una asesina. Sobre el papel suena variado. En la práctica, las diferencias se concentran sobre todo, en el ataque inicial y las estadísticas base. Y es aquí donde asoma uno de los puntos que menos me han gustado, y es que, cuando subimos los niveles, las habilidades son bastante parecidas.
Cada vez que subimos de nivel elegimos entre tres mejoras. Proyectiles guiados, auras de veneno, pilares de fuego, robo de vida y más de 25 opciones que, en teoría, permiten experimentar con sinergias. Sin embargo, no siempre es fácil construir una estrategia coherente. Hay partidas en las que una habilidad que nos puede ser muy útil, simplemente desaparece de la rotación. O cofres que nos otorgan mejoras que llevamos evitando toda la run. Eso genera cierta sensación de falta de control.
Y en un género donde parte de la diversión está en alcanzar ese punto en el que las hordas caen sin que apenas tengamos que movernos, aquí cuesta de conseguir. A veces incluso toca invertir mejoras en velocidad casi por obligación, especialmente cuando aparecen enemigos como los perros, cuya rapidez puede convertir la partida en un ejercicio de tensión más que de estrategia.
Cada partida ronda los 20 minutos, momento en el que aparece el jefe final del mapa. Cada cinco minutos surge además un enemigo de élite que complica la pantalla con habilidades propias. El sistema funciona. Es reconocible. Y aunque no reinventa nada, mantiene el pulso lo suficientemente firme como para que queramos volver a intentarlo.
Además, el oro obtenido se invierte en mejoras permanentes, reforzando ese bucle roguelite que convierte incluso la derrota en progreso. Sabemos que hemos caído, sí, pero también que la próxima vez estaremos mejor preparados.
Visualmente, Lunar Tide abraza el pixel art con una estética oscura que encaja bien con su ambientación. Hay ecos evidentes de los grandes del género, pero también pequeños guiños. No obstante, hay aspectos mejorables. Algunos cofres se confunden con el escenario, y ciertos efectos, como áreas de daño o ataques de élite, no siempre delimitan con claridad su alcance. En un juego donde un impacto puede marcar la diferencia entre seguir vivos o no, esa precisión visual es importante.
En cuanto al sonido, cumple su cometido con discreción. La música acompaña, envuelve la acción y refuerza la atmósfera oscura, pero nunca se impone por encima del caos en pantalla. Y, personalmente, lo agradezco. Cuando tenemos la pantalla repleta de enemigos, proyectiles y números emergiendo sin descanso, prefiero una banda sonora que no compita por mi atención ni me distraiga de lo importante: sobrevivir.
Además, este tipo de juegos se prestan mucho a que cada cual los acompañe con su propia banda sonora. Habrá quien aproveche para ponerse su música favorita, escuchar un podcast pendiente o incluso dejar la televisión de fondo mientras encadena partida tras partida. En ese sentido, Lunar Tide entiende bien su papel y no invade ese espacio.
Lunar Tide es un proyecto con potencial. Se percibe claramente la intención de ofrecer una experiencia sólida dentro del género survivor y, lo más importante, logra capturar esa sensación tan peligrosa y, a la par tan maravillosa, de querer intentarlo una vez más. Sin embargo, sí es cierto que me habría gustado encontrar una mayor diferenciación entre clases para que cada elección se sintiera realmente única y determinante.
Más allá de ese matiz, poco más se le puede reprochar. El juego cumple con lo que promete: acción directa, progresión constante y ese bucle adictivo que nos empuja a volver a intentarlo tras cada derrota. Y eso, en un género tan explotado, no es poca cosa.
Así que, si os gustan los juegos de hordas, la mejora permanente y los desafíos diarios con modificadores que alteran las reglas, aquí tenéis una propuesta honesta y disfrutable que entiende muy bien lo que ofrece y a quién se dirige.

