Análisis | The Bearer & The Last Flame

Análisis | The Bearer & The Last Flame

Una aventura de fantasía oscura con alma indie que apuesta por el desafío y la exploración.

Ficha Técnica

Hay algo que siempre me llama la atención dentro del género soulslike. Más allá de las grandes producciones, me fascina ver cómo estudios más pequeños se atreven a reinterpretar una fórmula tan exigente con sus propios medios. Quizá por eso intento no caer constantemente en la comparación con los grandes referentes, aunque, siendo honesta, a veces es inevitable.

Prefiero tener muy presentes los orígenes del estudio, de dónde vienen, con qué recursos cuentan y qué están intentando construir. Eso hace que mi forma de acercarme y entender la visión de quien está detrás,  sea distinta y me ayuda también, a conectar con su intención y, sobre todo, dejarme llevar y disfrutar del mundo del juego. No se trata tanto de medirlos frente a otros, sino de descubrir qué aportan, qué ideas nuevas surgen cuando alguien decide construir su propio mundo desde cero.

Cada uno deja su sello, su pequeña identidad. Lo vimos en propuestas como Mortal Shell o Deathbound, títulos que, con sus limitaciones, supieron aportar matices distintos a la receta de FromSoftware. Y en ese mismo terreno se mueve The Bearer & The Last Flame, aunque con un matiz importante, hablamos de un proyecto desarrollado prácticamente en solitario durante años, algo que inevitablemente marca su carácter.

Y quizá por eso encaja tan bien con la propia esencia del género. Porque, en el fondo, un soulslike siempre va un poco de eso, de avanzar solos, con lo justo, frente a un mundo que no da tregua. De caer, levantarse y volver a intentarlo. De aprender a base de golpes y seguir adelante cuando todo parece en contra. No es solo una sensación que transmite el juego, es también, de alguna manera, el reflejo de su propio desarrollo. Y ahí es donde todo cobra sentido: explorar estos mundos es también asomarnos a la mente de quien los crea, a una visión muy concreta, a veces áspera, pero siempre profundamente personal.

Con esto en mente, resulta difícil no ver cierto paralelismo con el propio desarrollo de The Bearer & The Last Flame. Mientras nosotros avanzamos entre criaturas y ruinas, alguien, al otro lado, ha recorrido su propio camino. Sin grandes recursos, sin un equipo masivo detrás, pero con una idea clara y mucha persistencia. Años de trabajo, decisiones, errores y aprendizajes que, poco a poco, han ido dando forma al proyecto.

Al final, casi como en el propio juego, hablamos de un viaje en solitario, aunque con pequeñas alianzas por el camino, hasta conseguir que esa llama (la del proyecto) termine por encenderse. Porque sí, hay títulos que llegan con todo a favor, pero otros, como The Bearer & The Last Flame al que hoy le dedico estas líneas, parecen construidos desde la resistencia. Y eso, de alguna manera, también se siente cuando estamos a los mandos.

Historia

La historia de The Bearer and the Last Flame se construye sobre una base muy clásica dentro de la fantasía oscura. Tras un siglo de guerra, la humanidad había encontrado por fin un respiro. Diez inviernos de paz que, como suele ocurrir en este tipo de relatos, no eran más que la calma antes de la tormenta. Desde las tierras de Hekanor, el hechicero Merlín, en una versión mucho más oscura y despiadada de lo habitual, comienza a entretejer una nueva guerra, invocando fuerzas del inframundo y aliándose con antiguos enemigos.

Es aquí cuando los jugadores  entramos en escena como esa última ascua. El portador de la llama eterna. Una figura que, más que un héroe tradicional, se siente casi como un símbolo de resistencia.

Jugabilidad

Como os contaba, The Bearer & The Last Flame basa su jugabilidad en la fórmula soulslike mediante combates apoyados en la estamina, movimientos muy medidos, castigo al error y aprendizaje constante. Los primeros compases funcionan como una toma de contacto para interiorizar lo básico: bloquear, esquivar o atacar.

A partir de ahí, cada combate se convierte en una pequeña prueba. Observar al enemigo, medir distancias, decidir si arriesgar o retroceder. Pero también tendremos que leer el entorno. Trampas, enemigos ocultos tras una esquina, cuevas en penumbra o caminos que terminan en un abismo. Hay una sensación constante de peligro, casi de duelo permanente a cada paso que damos. Y aunque no siempre todo responde con la precisión que me habría gustado, especialmente a la hora de interpretar ciertos ataques enemigos, lo cierto es que cuando conseguimos superar una zona sin morir, es muy gratificante.

El sistema de ethernals (equivalente a las clásicas almas) es otro de los pilares de la aventura. Funcionan como moneda y experiencia al mismo tiempo, generando esa tensión constante entre avanzar o asegurar lo que hemos conseguido en el camino. No es algo nuevo, pero sigue funcionando realmente bien. Eso sí, aquí su obtención no es especialmente generosa, lo que nos obliga a tomar decisiones con cuidado, desde mejorar equipo, subir estadísticas o guardar recursos para más adelante.

En cuanto a la estructura del mundo, el juego nos propone recorrer cinco reinos diferentes, cada uno con su propia ambientación, enemigos y desafíos. No son mapas enormes, pero sí lo suficientemente variados como para mantener el interés y ofrecernos situaciones variadas. Todos ellos están conectados a través de Parnasso, una ciudad que hace las veces de refugio y donde también encontraremos mercaderes que nos forjarán armamento o venderán enseres para seguir con nuestro viaje.

También resulta llamativa la cantidad de armas y opciones disponibles, algo muy meritorio teniendo en cuenta el alcance del proyecto. Sin embargo, la sensación que transmiten no siempre es tan marcada como cabría esperar. Más que invitarnos a cambiar constantemente de equipo, el juego parece empujarnos a encontrar una configuración con la que sentirnos cómodos y sacarle el máximo partido.

Otro detalle interesante es el sistema de curación. Aquí los objetos son de un solo uso y no se regeneran automáticamente al descansar como ocurre con el Frasco de Estus, lo que añade una capa extra de tensión y obliga a gestionar los recursos con cabeza. Es un pequeño giro dentro de la fórmula que, sin reinventar nada, sí aporta cierta personalidad.

Con todo, hay aspectos que todavía pueden pulirse. En algunos enfrentamientos, la lectura de ataques no es del todo clara, y en ciertos momentos el daño recibido puede resultar algo elevado. Son detalles que no rompen la experiencia, pero que sí pueden generar cierta frustración puntual.

Aun así, y teniendo en cuenta las últimas actualizaciones, la base jugable es sólida. The Bearer & The Last Flame consigue ofrecernos esa sensación de avance, superación y aprendizaje constante que define al género. Y una vez dentro de la rueda, la experiencia resulta, en líneas generales, bastante disfrutable.

Gráficos y Sonido

En el apartado técnico es donde más evidente se hace la naturaleza del proyecto, pero también donde se aprecia el esfuerzo. Visualmente, el juego es modesto pero coherente. No busca deslumbrar, sino construir una atmósfera creíble a través de ruinas, oscuridad, escenarios decadentes que encajan perfectamente con su propuesta. Además, hay detalles con mucho encanto, como ciertas ilustraciones en la pantalla de carga que recuerdan a los juegos de rol clásicos, que aportan un toque artístico muy personal.

Otro punto a destacar es el diseño de armas, armaduras, pociones o anillos. Hay una gran variedad de objetos y se nota el mimo tras el diseño.

En cuanto al apartado sonoro, la verdad es que cumple con creces su función. La banda sonora apuesta por temas ambientales que acompañan muy bien cada momento, sin buscar protagonismo pero aportando ese poso necesario para sumergirnos en su mundo de fantasía.  Algo similar ocurre con los efectos de sonido, que sin destacar especialmente, cumplen bien su cometido y refuerzan la sensación general de combate y exploración.

Mención especial al doblaje en castellano, que aporta cercanía y demuestra un esfuerzo adicional poco habitual en proyectos de estas características.

Conclusión

The Bearer and the Last Flame es un  proyecto con alma, intención y una base jugable que funciona. Se nota el esfuerzo, la dedicación y el cariño detrás de cada decisión. Y aunque tiene margen de mejora, también deja claro que hay aquí una idea con potencial.

Si os gustan los soulslike, si valoráis los proyectos independientes y si disfrutáis de los desafíos, aquí tenéis una experiencia honesta, exigente y con personalidad propia.

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The Bearer & The Last Flame

The Bearer & The Last Flame
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The Bearer & The Last Flame es un soulslike con corazón indie que apuesta por la atmósfera, el desafío y una narrativa clásica de fantasía oscura. Puede que aún tenga margen de mejora en algunos aspectos, pero su base es prometedora y su ambición, teniendo en cuenta su origen, resulta más que destacable. Si os atrae el género y sabéis valorar este tipo de propuestas, lo vais a disfrutar mucho.
The Bearer & The Last Flame es un soulslike con corazón indie que apuesta por la atmósfera, el desafío y una narrativa clásica de fantasía oscura. Puede que aún tenga margen de mejora en algunos aspectos, pero su base es prometedora y su ambición, teniendo en cuenta su origen, resulta más que destacable. Si os atrae el género y sabéis valorar este tipo de propuestas, lo vais a disfrutar mucho.
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