La capital consolida su papel como hub del videojuego con cifras récord, nuevos estudios y lanzamientos con vocación global.
Madrid vive uno de esos momentos en los que una industria empieza a creerse su propio potencial. En un encuentro celebrado en el campus de Madrid in Game, estudios, desarrolladores e instituciones se reunieron para tomar el pulso al sector y, en cierto modo, celebrar el camino recorrido. No fue un acto triunfalista, sino más bien una puesta en común de hasta dónde ha llegado el videojuego madrileño.
Gran parte de la conversación giró en torno al reciente lanzamiento de Crisol: Theater of Idols, del estudio Vermila Studios y editado por Blumhouse Games. Ambientado en una España oscura de inspiración folclórica y religiosa, el título ha logrado llamar la atención fuera de nuestras fronteras. Desde su estreno el 10 de febrero en PC y consolas actuales, ha ido acumulando comentarios positivos y, sobre todo, curiosidad internacional. Y es que cuando un juego conecta por su identidad, se nota.
Pero la historia no va solo de un éxito puntual. Según el Clúster del Videojuego de Madrid, la industria en la región ya supera los 1.200 millones de euros de facturación y los 6.000 profesionales. En el último año han nacido siete estudios nuevos y se han sumado más de cien empleos. Son cifras que, más allá del titular, reflejan una base empresarial que empieza a ser estable. La verdad es que hace una década este escenario sonaba lejano.
Durante la jornada también se miró al futuro inmediato. 2026 asoma con varios proyectos salidos de la aceleradora Start IN Up Program que quieren hacerse un hueco en el mercado internacional. Ahí están Hidalgo de Infinite Thread Games, Operation Highjump: The Fall of Berlin de Mansion Games o Alchemice de Red Mountain Games. Propuestas muy distintas entre sí, lo cual quizá sea la mejor señal: diversidad creativa y ganas de probar cosas nuevas.
En el plano institucional, participaron voces como la del concejal Ángel Niño y la vicepresidenta del clúster Pilar Sánchez-Bleda, que insistieron en la idea de acompañar al talento local para que pueda competir fuera. El mensaje de fondo es claro: el videojuego ya no es un sector anecdótico, sino estratégico.
También ayuda que la ciudad concentre formación especializada y la presencia de grandes compañías con oficinas clave para el sur de Europa, como Electronic Arts, Take-Two Interactive, Bandai Namco Entertainment o PLAION. Ese cruce entre multinacionales y estudios independientes genera algo parecido a un caldo de cultivo creativo.
Quizá lo más interesante es la sensación general: ya no se habla solo de promesas o de “potencial”, sino de juegos reales que se lanzan, venden y compiten. Madrid, poco a poco, se está acostumbrando a jugar en ligas mayores. Y si los próximos lanzamientos acompañan, 2026 puede ser el año en que deje de ser aspirante para consolidarse como uno de los polos del videojuego en Europa.

