Análisis | Hyperwired

Análisis | Hyperwired

Un shooter roguelite que nos mantiene conectados a la acción de principio a fin.

Ficha Técnica

  • Título: Hyperwired
  • Desarrollador: Sidralgames
  • Editor: SelectaPlay, Entalto Publishing, Beep Japan Inc.
  • Distribuidor: SelectaPlay
  • Plataformas: PC, PlayStation 4, PlayStation 5, Xbox One, Xbox Series X|S y Nintendo Switch
  • Fecha de salida: 2 de julio de 2026
  • Jugadores: 1 jugador
  • Idioma: español, inglés y otros
  • Cómpralo: Hyperwired

No todos los días un proyecto nacido en una game jam termina convirtiéndose en un lanzamiento comercial. Ese ha sido el camino de Hyperwired, el nuevo trabajo del estudio zaragozano Sidralgames. Sus orígenes se remontan a la ZJam 2023, donde bajo el nombre de Enchufao sorprendió con una idea tan sencilla como original en la que el jugador, a los mandos de nave espacial con un cable colgando,  debía ir conectándose a distintos enchufes para sobrevivir. Aquella versión, que todavía puede encontrarse en itch.io, terminó llevándose el premio a “Mejor Juego” y sirvió como punto de partida para una propuesta mucho más ambiciosa, derivando a un twin-stick shooter con elementos roguelite donde los reflejos siguen siendo importantes, sí, pero donde la gestión de recursos y la planificación tienen tanto peso como nuestra puntería. Porque aquí no basta con disparar y esquivar, también tendremos que preocuparnos constantemente de algo tan básico como seguir teniendo energía para continuar avanzando.

Historia

Hyperwired apenas pone el foco en contar una historia, sino en llevarnos directamente a la acción y construir un universo futurista donde sobrevivir depende de mantener nuestra nave siempre enchufada.

La premisa es sencilla. Recorremos galaxias generadas de forma procedural mientras activamos enchufes espaciales que nos permiten abrir la salida al siguiente sector. Entre medias nos esperan oleadas de enemigos, jefes finales y un buen puñado de naves perdidas que podremos rescatar. Y precisamente ahí encontramos uno de los pequeños incentivos para seguir jugando, ya que cada una de esas naves pasará a formar parte de nuestro hangar y podremos utilizarla en futuras partidas.

Es de esos juegos que no necesitan nada más. La progresión y las ganas de desbloquear todo su contenido son el verdadero motor de la experiencia.

Jugabilidad

En cuanto a su jugabilidad, Hyperwired consigue darle una vuelta de tuerca a un género que parecía tener ya todas sus cartas sobre la mesa. Sobre el papel estamos ante un clásico twin-stick shooter. Movemos nuestra nave con un stick, apuntamos con el otro y sobrevivimos entre un aluvión de proyectiles. Sin embargo, apenas pasan unos minutos para descubrir que aquí todo gira alrededor de la energía.

Nuestra nave consume batería simplemente por desplazarse. Si se agota, tendremos que buscar rápidamente un enchufe donde recargarla. Cada uno de ellos, además, repone un recurso distinto según su color: vida, munición, bombas o el potente láser, obligándonos a decidir constantemente qué necesitamos en cada momento.

Cada vez que nos conectamos a un enchufe quedamos atados por un cable que limita nuestro radio de movimiento. De repente, el escenario deja de ser un espacio abierto para convertirse en una especie de arena donde debemos calcular cada desplazamiento mientras esquivamos disparos y seguimos atacando. Puede parecer una limitación, pero termina siendo precisamente lo que diferencia a Hyperwired del resto de propuestas del mismo género.

A todo ello se suma un interesante sistema de progresión durante cada partida. Encontraremos más de cuarenta mejoras para la nave, chips temporales, baterías capaces de modificar por completo nuestro armamento y más de 250 combinaciones posibles de proyectiles. Además, existe un sistema de rescate de naves averiadas que, como os contaba al principio del análisis, una vez auxiliadas, combatirán a nuestro lado y quedarán desbloqueadas como personajes jugables. En total podremos conseguir once naves diferentes, cada una con estadísticas y estilos de juego propios, algo que aporta bastante rejugabilidad.

También merece la pena destacar la cantidad de pequeños detalles que esconde el juego. Si agotamos toda nuestra energía podremos generar un enchufe provisional mediante el sistema P.E.T.A., una especie de salvavidas que puede evitar que una buena partida termine antes de tiempo. A ello se suman un bestiario, tablas de puntuación y varios desafíos independientes que modifican por completo las reglas habituales. Desde un modo centrado únicamente en el láser hasta otro donde las balas rebotan, partidas con cable ultracorto o desafíos donde comenzamos acompañados por varias naves nodrizas. Son añadidos que ayudan a que siempre haya un motivo para “echar una partida más”.

Eso sí, no todo resulta igual de accesible.

Durante los primeros compases cuesta asimilar la cantidad de acciones disponibles. Bombas, cámara lenta, láser, gestión de recursos, mejoras, rescates… el juego lanza muchas ideas en poco tiempo y puede llegar a abrumar. Una explicación algo más pausada o una introducción más progresiva habría facilitado bastante las cosas.

Aun así, una vez interiorizamos todas sus mecánicas, la experiencia cambia por completo. Empieza ese momento en el que dejamos de pensar qué botón pulsar para centrarnos únicamente en sobrevivir.

Gráficos y Sonido

Visualmente, el título apuesta por un pixel art limpio y muy funcional que recuerda a los grandes arcades espaciales de los noventa. No busca reinventar el apartado artístico, pero sí ofrece una lectura clara de la acción incluso cuando la pantalla se llena de enemigos, disparos y explosiones.

Los efectos de iluminación, los distintos proyectiles y las animaciones ayudan a que cada partida resulte muy vistosa, mientras que los diseños de las diferentes naves aportan personalidad al conjunto.

En cuanto al sonido, la banda sonora a cargo de Ingala Music, acompaña con temas electrónicos de ritmo intenso que encajan perfectamente con el frenetismo de la acción en pantalla. Quizá durante las partidas más largas pueda resultar algo repetitiva para algunos jugadores, pero cumple bien su cometido y mantiene la tensión constante que exige el juego. En lo personal, me encanta.

Conclusión

Hyperwired demuestra que todavía es posible encontrar ideas frescas dentro de un género tan explotado como el twin-stick shooter. Su sistema de enchufes y el cable que limita nuestros movimientos no son un simple añadido; son el corazón de toda la experiencia y lo que consigue que cada partida tenga personalidad propia.

Es cierto que necesita un pequeño esfuerzo inicial. La cantidad de mecánicas puede intimidar y durante las primeras partidas es fácil sentirse algo perdido. Sin embargo, cuando todo hace clic, descubrimos un roguelite tremendamente divertido, desafiante y con suficientes sistemas como para invitarnos a seguir experimentando una partida tras otra.

Si os gustan los shooters de corte arcade exigentes, con una buena dosis de estrategia y una mecánica diferente a lo que nos tienen acostumbrados, aquí tenemos una de esas pequeñas sorpresas que merece mucho la pena descubrir.

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Hyperwired

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Hyperwired demuestra que una buena idea puede marcar la diferencia. Su original sistema de enchufes aporta personalidad a un roguelite desafiante que, aunque requiere unas partidas para asimilar todas sus mecánicas, termina ofreciendo una experiencia tan intensa como adictiva
Hyperwired demuestra que una buena idea puede marcar la diferencia. Su original sistema de enchufes aporta personalidad a un roguelite desafiante que, aunque requiere unas partidas para asimilar todas sus mecánicas, termina ofreciendo una experiencia tan intensa como adictiva
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