Análisis | Duskfade

Análisis | Duskfade

Un homenaje a los plataformas de la era de PlayStation 2 que consigue encontrar su propia personalidad.

Ficha Técnica

Cover for Duskfade

  • Título: Duskfade
  • Desarrollador: Weird Beluga
  • Editor: Fireshine Games
  • Distribuidor: Fireshine Games
  • Plataformas: PlayStation 5, Xbox Series X|S, Nintendo Switch 2 y PC
  • Fecha de salida: 13 de agosto de 2026
  • Jugadores: 1
  • Idioma: textos en español
  • Cómpralo: Duskfade

Los comienzos de Weird Beluga ya dejaban entrever que estábamos ante un estudio con mucho que decir. Con Clid the Snail, el equipo demostró que tenía buenas ideas y, sobre todo, talento para construir un universo propio alrededor de ellas. Ahora, con Duskfade, ese potencial da un paso adelante y se traduce en una aventura mucho más ambiciosa. Y la verdad es que me ha gustado especialmente comprobar cómo aquel estudio que ya apuntaba maneras ha seguido creciendo sin perder por el camino esa personalidad que lo hacía tan interesante.

Duskfade es, ante todo, un juego hecho con muchísimo cariño hacia una época muy concreta del videojuego. Se nota que detrás hay desarrolladores que han crecido jugando a títulos como Kingdom Hearts, Jak and Daxter y tantos otros plataformas de la época de PlayStation 2, pero también que no han querido limitarse a recuperar una fórmula del pasado. Las referencias son evidentes, sí, pero están acompañadas de suficientes ideas propias como para que la aventura de Zirian y Cuco tenga una identidad muy marcada.

Después de acompañar a Zirian en su viaje, recorrer sus cuatro regiones y rebuscar hasta el último rincón de sus escenarios, tengo bastante claro que Weird Beluga ha dado un salto importante con Duskfade. La cámara durante algunos combates y ciertos problemas de visibilidad en zonas especialmente oscuras pueden empañar ligeramente la experiencia, pero no consiguen ocultar el talento, el mimo y la enorme personalidad que hay detrás de esta aventura. Os cuento por qué.

Historia

La historia de Duskfade comienza en Tick Town, un pequeño pueblo habitado por los nublinos, unas criaturas tan adorables como peculiares. Allí viven Zirian y su hermana Allira, dos personajes muy diferentes pero unidos por una relación que será fundamental para entender todo lo que sucede después.

Tras la muerte de su abuelo, ambos afrontan la pérdida de una manera muy distinta. Allira es una mente inquieta, curiosa y con bastantes más habilidades que su hermano, mientras que Zirian es más impulsivo, despistado y de carácter bonachón. Pero antes de que puedan continuar con sus vidas, una catástrofe relacionada con la torre del reloj de Tick Town provoca que el tejido del tiempo se rompa y que Allira quede atrapada en su interior.

A partir de aquí nuestro objetivo será recorrer diferentes regiones, romper las cadenas que mantienen cerrada la torre y encontrar la manera de rescatar a nuestra hermana.

La trama es bastante sencilla y parte de una premisa que hemos visto en muchas ocasiones. Sin embargo, poco a poco consigue ganar interés, especialmente gracias a la relación entre sus protagonistas y en la forma en la que aborda el tema de la pérdida. Y es que Duskfade habla de cómo afrontamos el duelo de maneras diferentes, algo que se va descubriendo progresivamente a través de los personajes y de pequeños detalles repartidos por la aventura. No necesita convertirlo todo en un gran drama para transmitir lo que quiere contar y creo que ahí está buena parte de su encanto.

También me ha gustado especialmente la relación entre Zirian y Cuco, el pequeño pájaro mecánico que nos acompañará durante nuestra aventura. Hay bromas, conversaciones y momentos bastante simpáticos que consiguen que ambos personajes resulten cercanos.

Además, la historia se va entretejiendo con los propios escenarios y con los acontecimientos que encontramos durante nuestro viaje. No estamos ante una narrativa especialmente compleja, pero sí ante una aventura que consigue que poco a poco tengamos ganas de descubrir qué ha sucedido con Allira y cómo terminará todo.

Jugabilidad

Si hay un apartado en el que Duskfade realmente me ha conquistado, ese es la exploración. Y aquí tengo que reconocer que el trabajo de Weird Beluga me parece excelente. La aventura está dividida en cuatro grandes regiones, cada una con su propia ambientación y personalidad. Nuestra misión será atravesarlas, superar sus diferentes desafíos y enfrentarnos a los jefes que encontraremos por el camino, pero el juego nos da motivos de sobra para no limitarnos a seguir el camino principal.

Zirian puede correr, saltar, realizar un doble salto y hacer volteretas, movimientos que podremos combinar para alcanzar plataformas cada vez más alejadas y movernos con bastante libertad por los escenarios. A medida que avancemos desbloquearemos nuevas habilidades, como el gancho, que nos permitirá engancharnos a determinados mecanismos y alcanzar zonas elevadas que antes eran inaccesibles. Las nuevas habilidades no sirven únicamente para avanzar, también nos animan a volver sobre nuestros pasos.

Al conseguir una nueva herramienta, muchas de las zonas que ya hemos visitado adquieren una nueva utilidad. Podemos regresar a regiones anteriores, descubrir caminos que antes estaban cerrados, alcanzar lugares que habíamos visto desde lejos y conseguir objetos que no podíamos recoger en nuestra primera visita. De esta manera, completar una zona al 100 % no se limita a haber explorado cada rincón, sino que también nos invita a recordar aquellos lugares que dejamos atrás y comprobar si ahora podemos llegar hasta ellos.

Duskfade recompensa muchísimo la exploración. Encontraremos cofres, zonas ocultas y todo tipo de objetos destinados a mejorar a Zirian. Por los escenarios hay mineral estelar, que podremos conseguir rompiendo determinados elementos del entorno o derrotando enemigos. También encontraremos vetas de mineral que nos proporcionarán una buena cantidad de cristales y algunos cristales rojos que nos darán directamente 25 cristales.

Estos cristales tienen una función muy importante dentro de nuestra progresión, ya que podremos gastarlos en la plaza principal con el mercader, donde encontraremos diferentes mejoras relacionadas con nuestro ataque. Pero no serán la única recompensa que esconden los escenarios. Los fragmentos de núcleo estelar nos permitirán ampliar nuestra barra de energía temporal, mientras que las piezas de corazón de reloj, al reunir las suficientes, aumentarán nuestra barra de salud.

Los cofres también pueden esconder pequeñas pociones con forma de estrella que podremos utilizar para recuperar parte de nuestra salud. Y precisamente esta variedad de recompensas hace que siempre merezca la pena desviarnos unos metros del camino. Nunca tenemos la sensación de estar explorando porque sí, detrás de una plataforma, una zona elevada o un rincón aparentemente vacío puede haber algo que mejore a nuestro protagonista.

A esto se suma la propia interactividad de los escenarios. Podemos romper cajas, bancos, frutas, farolas, pilas de libros y otros elementos repartidos por el mapa. Puede parecer un detalle menor, pero las animaciones específicas de cada objeto hacen que resulte tremendamente satisfactorio ir destrozando todo lo que encontramos a nuestro paso. También agradezco especialmente que los cristales se recojan automáticamente. Son pequeñas decisiones de diseño que quizá no aparecen en la lista de características del juego, pero que hacen que la experiencia resulte mucho más cómoda.

Y como vamos a volver sobre nuestros pasos en más de una ocasión, contar con viaje rápido resulta especialmente útil. Podemos desplazarnos rápidamente entre determinados puntos y continuar con nuestra exploración sin tener que repetir constantemente los mismos recorridos.

Los relojes funcionan como puntos de guardado. Al golpearlos, nos permiten guardar nuestra partida. En ocasiones encontraremos además pequeñas campanas junto a ellos que, al golpearlas, nos mostrarán el camino que debemos seguir. Es un sistema sencillo, pero encaja perfectamente con la temática temporal de Duskfade y, sobre todo, resulta útil cuando podemos llegar a encontrarnos algo perdidos entre tanta plataforma y exploración.

También tenemos bastante información a nuestra disposición. En PlayStation 5, pulsando el botón táctil del mando podemos consultar el progreso de cada nivel, comprobar los objetos que hemos conseguido y revisar nuestro objetivo actual. Esto resulta especialmente útil cuando queremos completar una región al 100 % y no tenemos claro qué nos falta.

Los Ecos funcionan como uno de los principales coleccionables y, además, tienen una función narrativa. Son voces repartidas por los escenarios que nos permiten descubrir poco a poco qué ocurrió y conocer más detalles sobre la historia. Podemos consultar los que hemos encontrado desde el menú, por lo que aquellos que quieran profundizar en el mundo de Duskfade tendrán otro motivo para rebuscar hasta el último rincón.

Y aunque la exploración sea la gran protagonista, Zirian también tendrá que enfrentarse a los enemigos que encuentre durante su viaje. El combate parte de una propuesta sencilla, podemos realizar combos básicos golpeando repetidamente con nuestra espada, esquivar ataques y utilizar diferentes habilidades que iremos desbloqueando durante la aventura. Además, podemos fijar a los enemigos individualmente, algo que facilita bastante los enfrentamientos cuando aparecen varios adversarios al mismo tiempo.

También podremos repeler algunos ataques a distancia, un pequeño detalle que añade variedad a los enfrentamientos y nos obliga a prestar atención a lo que ocurre a nuestro alrededor. A medida que avancemos encontraremos, además, mejoras de arma que desbloquearán nuevas habilidades, como el Cronodisparo, que nos permite lanzar una descarga de energía pulsando un único botón.

Estas habilidades consumen nuestra energía temporal, visible en la esquina inferior de la pantalla, así que tendremos que decidir cuándo merece la pena utilizarlas. Precisamente para ampliar esta reserva podremos conseguir los fragmentos de núcleo estelar que comentaba anteriormente.

En general, el combate resulta satisfactorio y fácil de entender, aunque hay un par de aspectos que pueden empañarlo ligeramente. En determinadas zonas la iluminación es bastante oscura y, en ocasiones, cuesta distinguir con claridad lo que ocurre en pantalla. A esto se suma una cámara que durante algunos enfrentamientos puede resultar algo incómoda, especialmente cuando tenemos varios enemigos alrededor o nos encontramos en espacios más reducidos. No llega a arruinar los combates, pero sí son pequeños momentos en los que la experiencia pierde parte de la fluidez.

También quiero hablaros de los combates contra jefes. Cada región cuenta con enfrentamientos importantes y estos no se limitan a tener una barra de vida más grande que el resto de enemigos. Sus patrones nos obligan a observar, esquivar y encontrar el momento adecuado para atacar, y algunos incluso modifican sus mecánicas durante el combate. Aquí sí encontramos enfrentamientos que consiguen poner a prueba todo lo que hemos aprendido durante nuestro recorrido.

Por último, cuando morimos, el juego nos penaliza reduciendo algunos puntos de nuestra salud máxima, una consecuencia que añade algo de tensión a los errores sin hacer que volver a intentarlo se convierta en un castigo excesivo.

En conjunto, creo que Duskfade entiende perfectamente dónde está su mayor virtud. El combate cumple, los jefes aportan algunos de los mejores enfrentamientos de la aventura y la progresión nos mantiene pendientes de las mejoras, pero es cuando estamos saltando, buscando un camino alternativo o intentando alcanzar esa plataforma que hemos visto a lo lejos cuando el juego realmente brilla. Explorar sus escenarios es una recompensa en sí misma, pero saber que detrás de cada rincón puede haber una mejora, un coleccionable o un camino que podremos recorrer más adelante consigue que nunca dejemos de mirar alrededor.

Gráficos y Sonido

Si hay algo que puede eclipsar prácticamente cualquier otro apartado de Duskfade, es su diseño audiovisual. El juego es precioso. Y no lo digo únicamente porque utilice colores vivos o porque sus escenarios sean llamativos. Hay un trabajo enorme detrás de la construcción de cada región, con entornos que consiguen transmitir sensación de amplitud, verticalidad y, sobre todo, personalidad. Cada zona tiene una identidad muy marcada y resulta muy difícil no detenerse de vez en cuando simplemente para mirar alrededor.

El diseño de personajes también funciona especialmente bien. Zirian y Cuco tienen muchísimo carisma, y las expresiones faciales ayudan a transmitir las emociones durante las conversaciones. Los diálogos aparecen mediante cuadros de texto acompañados por bustos estáticos de los personajes, pero aun así consiguen transmitir bastante gracias al diseño de los protagonistas y sus expresiones. El mundo está lleno de pequeños detalles que ayudan a darle vida y que demuestran que Weird Beluga ha cuidado mucho la presentación.

El apartado sonoro acompaña muy bien a todo esto y aquí hay que destacar el trabajo de Rafa del Olmo, compositor y diseñador de sonido que ha participado también en Moonlighter 2: The Endless Vault. Los temas del juego combinan momentos más tranquilos con otros mucho más intensos y cuenta incluso con temas propios para algunos de los enfrentamientos contra jefes. No diría que es una banda sonora que me haya dejado canciones grabadas en la cabeza, pero sí que funciona especialmente bien dentro del juego y contribuye a crear esa atmósfera de aventura y fantasía que tan bien encaja con su apartado visual.

Conclusión

Duskfade me ha gustado mucho porque recupera una forma de entender los juegos de plataformas que echaba de menos. No intenta revolucionar el género ni inventar una fórmula completamente nueva y, sinceramente, tampoco creo que lo necesite. Lo que hace es coger las referencias de una época muy concreta, mezclarlas con las ideas del equipo y construir una aventura que se siente genuina. Seguramente reconozcamos muchos referentes de la época, pero también vamos a encontrar un mundo propio, unos personajes con personalidad y, sobre todo, una exploración que me parece realmente destacable.

La exploración es, sin duda, lo mejor del juego. Los escenarios están llenos de secretos, las nuevas habilidades nos permiten regresar a zonas anteriores y las recompensas hacen que queramos investigar cada rincón. Hay una satisfacción muy particular en ver una zona a la que antes no podíamos acceder y volver horas después con el gancho para descubrir qué escondía. El combate cumple, los jefes ofrecen algunos de los enfrentamientos más interesantes y las habilidades especiales aportan variedad, pero es recorriendo sus escenarios, saltando, buscando caminos y descubriendo secretos donde Duskfade realmente consigue atraparnos.

De hecho, cuando un juego consigue que termine una zona y mi primer pensamiento sea «quiero volver para ver qué me he dejado», creo que está haciendo muchas cosas bien.

Al final, Duskfade es una carta de amor a los plataformas de una generación que marcó a muchos jugadores, pero también es la demostración de que Weird Beluga tiene mucho que decir por sí mismo. Y después de haber visto lo que hicieron con Clid the Snail, me alegra especialmente comprobar que aquel potencial sigue ahí y que, en esta ocasión, ha venido acompañado de un derroche de talento, mimo y ambición.

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Duskfade

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Duskfade recupera el espíritu de los grandes plataformas 3D de la era de PlayStation 2 y lo combina con un universo propio, una exploración fantástica y unos escenarios que entran directamente por los ojos. Weird Beluga demuestra con esta aventura que el talento que ya vimos en Clid the Snail no era casualidad y que estamos ante un estudio al que merece la pena seguir muy de cerca. Ojalá tengamos Weird Beluga para rato.
Duskfade recupera el espíritu de los grandes plataformas 3D de la era de PlayStation 2 y lo combina con un universo propio, una exploración fantástica y unos escenarios que entran directamente por los ojos. Weird Beluga demuestra con esta aventura que el talento que ya vimos en Clid the Snail no era casualidad y que estamos ante un estudio al que merece la pena seguir muy de cerca. Ojalá tengamos Weird Beluga para rato.
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