Análisis | Farlands

Análisis | Farlands

Una tranquila vida de granjero y todo un universo por explorar.

Ficha Técnica

Farlands cover

  • Título: Farlands
  • Desarrollador: JanduSoft y Eric Rodríguez
  • Editor: JanduSoft y Anotherindie
  • Distribuidor: JanduSoft
  • Plataformas: PC, Nintendo Switch, PlayStation 4, PlayStation 5, Xbox One y Xbox Series X|S
  • Fecha de salida: 16 de julio de 2026
  • Jugadores: 1
  • Idioma: español, catalán, inglés y otros
  • Cómpralo: Steam

Hay algo especialmente reconfortante en los videojuegos que nos permiten empezar prácticamente desde cero. Limpiar un terreno, plantar las primeras semillas, construir nuestras primeras herramientas y ver cómo, poco a poco, aquello que al principio parecía un erial termina convirtiéndose en nuestro hogar. Farlands parte precisamente de esa premisa tan familiar de los simuladores agrícolas, pero con la diferencia de que nuestra granja no está en un campo de la Tierra, sino en un planeta extraterrestre perdido en un rincón de la galaxia.

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Farlands comenzó su andadura en acceso anticipado en 2024, y durante estos dos años ha ido creciendo con nuevas actualizaciones hasta alcanzar su versión 1.0. No estamos, por tanto, ante una de esas propuestas que llegan ahora al mercado con la promesa de ir completándose en el futuro, sino ante un juego que ha tenido tiempo para incorporar contenido, ajustar sus sistemas y terminar de dar forma a la experiencia que hoy tenemos entre manos.

Detrás del juego encontramos a Eric Rodríguez, responsable del diseño y desarrollo de Farlands junto a JanduSoft, estudio independiente afincado en Barcelona que lleva años trabajando tanto en desarrollo como en publicación y adaptación de videojuegos. En este caso, el proyecto nació como una colaboración entre Rodríguez y JanduSoft, con un equipo que reúne programación, diseño, pixel art, animación y música.

Y creo que merece la pena detenernos un momento aquí porque, si hay algo de Farlands que me gusta especialmente, es que no intenta esconder que parte de una fórmula que ya conocemos, sino que busca llevarla a un escenario que le permita ser de otra manera. La agricultura, la fabricación, la pesca o la recolección siguen estando presentes, pero ahora podemos coger nuestra nave y viajar a otros planetas para conseguir nuevos recursos, conocer a sus habitantes y descubrir criaturas que pasarán a formar parte de nuestra propia colección.

Después de unas cuantas horas deshaciéndome de la maleza de mi terreno, cultivando, fabricando, viajando entre planetas y tratando de devolverle la vida a esta pequeña parcela del universo, Farlands me ha dejado una sensación de bienestar que no siempre consigo encontrar en otros simuladores. Y creo que merece la pena contaros por qué.

Historia

La historia de Farlands comienza al decidir dejar atrás nuestra vida en la ciudad para empezar de nuevo en un lugar más tranquilo. La oportunidad llega cuando encontramos un planeta agrícola a un precio difícil de rechazar, perdido en un sistema solar bastante alejado de todo.

Cuando llegamos, nuestra nueva propiedad lleva años abandonada. Los caminos están cubiertos de vegetación y rocas, la tierra está completamente descuidada y las instalaciones necesitan unas cuantas reparaciones. Contamos con nuestra vieja nave, algunas herramientas básicas y un pequeño droide que nos ayudará durante los primeros pasos, así que tendremos que ponernos manos a la obra.

A partir de aquí, el juego irá ampliando poco a poco nuestra vida más allá de la granja. Los viajes a otros planetas, los personajes que iremos conociendo y todo lo que descubramos durante nuestras expediciones irán dando forma al universo que nos rodea, mientras nosotros seguimos trabajando para recuperar nuestra parcela y convertirla, poco a poco, en nuestro nuevo hogar.

Jugabilidad

Si habéis jugado a otros simuladores de granja, los primeros minutos de Farlands os resultarán muy familiares. Al empezar recibiremos un pequeño kit de herramientas básicas para comenzar nuestra nueva vida: un pico, una hoz, un hacha, una azada y una regadera, además de semillas para empezar a cultivar. También tendremos que reparar un pequeño droide que nos ayudará a entender algunas de las mecánicas del juego y nos acompañará durante nuestros primeros pasos.

Nuestra primera tarea será limpiar el terreno. Tendremos que retirar hierbas, romper rocas, cortar árboles y despejar los espacios que queremos convertir en zonas de cultivo. Es una introducción muy natural a las mecánicas y, además, consigue transmitir esa agradable sensación de estar recuperando poco a poco un lugar que llevaba demasiado tiempo abandonado.

La agricultura funciona mediante un sistema de tres estaciones de 20 días de duración: calurosa, templada y fría. Las semillas están identificadas mediante colores y símbolos que nos indican en qué época pueden plantarse. Si intentamos cultivarlas fuera de temporada, las plantas terminarán muriendo, así que tendremos que prestar atención al calendario y planificar nuestras cosechas. No es una mecánica especialmente compleja, pero funciona bien porque introduce una pequeña capa de planificación sin convertir la agricultura en un sistema excesivamente exigente.scsrvg.jpg (1920×1080)

Trabajar consume energía. Cada golpe con el pico, cada árbol que talemos o cada tarea que realicemos irá reduciendo nuestra reserva, por lo que tendremos que aprender a organizar las jornadas. La comida nos permitirá recuperar parte de esa energía pero si queremos recuperarla por completo o si ya decidimos que hicimos suficiente durante el día, podremos descansar en la cama de nuestra humilde casa.

Uno de los elementos que más posibilidades nos ofrece es el fabricador, una máquina en la que podremos construir una enorme cantidad de objetos, incluyendo alimentos. Su funcionamiento resulta bastante interesante porque podremos ampliar las recetas disponibles mediante chips que colocaremos en una ranura de la propia máquina. Estos chips pueden adquirirse a los comerciantes y permiten ir ampliando progresivamente nuestras posibilidades de fabricación.

Y aquí vuelve a aparecer uno de los aspectos que más me gusta del juego. Farlands consigue que muchas de sus mecánicas estén conectadas entre sí. No estamos fabricando objetos simplemente porque el juego nos diga que tenemos que hacerlo. Los recursos que conseguimos limpiando la granja pueden servir para fabricar, esos objetos pueden ayudarnos a progresar y determinadas mejoras nos permiten acceder a nuevas posibilidades.

También tendremos que ocuparnos de algo tan poco glamuroso como conseguir combustible para nuestra nave. Para fabricar las células de energía utilizaremos el procesador de materia, que funciona casi como un compostador espacial. Podemos introducir materiales que no necesitemos, incluyendo buena parte de las malas hierbas que obtenemos al limpiar nuestro terreno, y convertirlos en combustible.

Me gusta especialmente porque consigue dar utilidad incluso a recursos que inicialmente podríamos considerar basura. Lo que sacamos de nuestra granja no tiene por qué terminar ocupando espacio en un almacén sino que puede acabar ayudándonos a viajar a otro planeta. Y como viajaremos bastante, necesitaremos bastantes materiales. Os diré que al principio, me costó mucho poder visitar otros planetas por falta de combustible, y me pasé gran parte de la partida quitando maleza.

Hablando de nuestra nave, deciros que es uno de los elementos que más diferencia a Farlands de otros simuladores agrícolas. No estamos encerrados en una única parcela esperando a que crezcan nuestros cultivos. Podemos desplazarnos entre diferentes planetas para conseguir recursos, visitar comerciantes, descubrir nuevas criaturas y encontrar materiales que no están disponibles en nuestro planeta. Pero también tendremos la opción de recibirlos en casa un par de días a la semana como ya vimos anteriormente en juegos como Deiland.

La nave cuenta además con una bahía de carga que funciona como almacenamiento adicional durante nuestros viajes. Podemos ampliarla mediante mejoras, algo especialmente útil cuando empezamos a traer materiales de distintos planetas y nuestro inventario se queda pequeño. Y también de una cama por si nos coge sueño fuera de casa. Aunque descansar en la nave solo nos reestablecerá la mitad de la energía.

Y aquí tengo que destacar otro de los puntos que me ha gustado especialmente y es que el sistema de comercio me ha parecido bastante benévolo. No he tenido la sensación de que el juego esté constantemente intentando vaciarnos los bolsillos o poner precios desorbitados para obligarnos a repetir tareas hasta la saciedad. El dinero que conseguimos tiene un propósito claro y podemos avanzar sin sentir que estamos endeudados. Además, conforme avancemos, nuestro ‘hologato’ nos entregará una caja de venta de Ohmazon. Todo aquello que produzcamos en nuestra granja o encontremos durante nuestros viajes podrá introducirse en esta caja. Durante la noche se recogerá su contenido y al día siguiente recibiremos el dinero correspondiente. Es un sistema sencillo, pero resulta tremendamente cómodo. Podemos dejar preparada nuestra producción y olvidarnos de ella mientras nos dedicamos a explorar.

La progresión tampoco se limita a nuestras herramientas. Los robots que encontremos pueden proporcionarnos mejoras relacionadas con nuestra resistencia, mientras que también podremos adquirir chips de expansión para las máquinas constructoras, tanto para ampliar las posibilidades de nuestro hogar como para modificar los espacios exteriores.

Me encanta que el juego te permita organizar el tiempo como más te plazca. Esto hace que la rutina tenga un ritmo bastante agradable. Podemos comenzar una jornada pensando en regar nuestros cultivos y terminarla viajando a otro planeta porque necesitamos un material concreto para fabricar una mejora. O salir simplemente porque nos apetece descubrir qué hay allí. No todo es producir y esa es una de las mayores virtudes del juego.

Gráficos y Sonido

Farlands apuesta por un estilo pixel art sencillo, pero creo que sería injusto quedarse únicamente con esa primera impresión. No estamos ante un juego que busque sorprendernos por la cantidad de detalle de sus escenarios  y aún así los tiene, sino por la personalidad de sus diseños y, sobre todo, por unas animaciones que me han sorprendido bastante.scsrvl.jpg (1843×1034)

Los personajes tienen una expresividad mucho mayor de la que esperaba. Podemos ver sus rostros reaccionar mientras realizan diferentes acciones y esto se aprecia especialmente durante las tareas cotidianas. Incluso cuando estamos simplemente picando una piedra, talando un árbol o utilizando una herramienta, las animaciones consiguen transmitir que el personaje está realizando realmente esa acción. Puede parecer un detalle menor, pero son precisamente estas pequeñas cosas las que consiguen que un estilo visual aparentemente sencillo cobre vida.

Además, los diferentes planetas permiten jugar con escenarios muy distintos. La vegetación, los colores y los elementos que encontramos cambian dependiendo del lugar en el que nos encontremos y ayudan a que nuestros viajes no se conviertan simplemente en cambiar de mapa.

También me ha resultado muy simpático encontrar algunos guiños y personajes que recuerdan claramente a iconos de la ciencia ficción, con referencias tan reconocibles como la teniente Ripley y el Alien o algún que otro creador de contenido español. Son pequeños detalles que no cambian la experiencia, pero que sacan alguna sonrisa cuando los encontramos.

En cuanto al sonido, funciona como acompañamiento de esa vida pausada. La música contribuye a crear una atmósfera agradable y relajada, mientras que los efectos de sonido aportan respuesta a nuestras acciones y ayudan a que las tareas cotidianas tengan algo más de peso.

Además, el juego cuenta con textos en español y catalán, entre otros idiomas, algo que siempre es de agradecer y que hace que podamos disfrutar de todas sus conversaciones y sistemas sin barreras.

Conclusión

Farlands me ha gustado porque entiende perfectamente qué hace atractivos a los simuladores agrícolas, pero no se conforma con quedarse dentro de sus límites. Sí, tendremos que plantar, regar, recoger cosechas, limpiar terrenos y fabricar objetos. Vamos a repetir muchas de estas tareas, porque forman parte de la propia naturaleza del género. Sin embargo,  siempre tendremos una razón para levantar la vista de nuestro planeta y preguntarnos qué podemos encontrar más allá.

Y esa posibilidad de coger nuestra nave y viajar a otros lugares es, para mí, el gran acierto de la propuesta. La exploración no está ahí simplemente para justificar que el juego tenga una ambientación espacial. Forma parte de la progresión y consigue que los recursos que conseguimos, las mejoras que fabricamos y las actividades que realizamos tengan una conexión bastante natural.

Podemos dedicar una jornada a cultivar, otra a explorar, otra a pescar y otra simplemente a visitar a los habitantes del sistema. El juego nos deja construir nuestra propia rutina y eso es precisamente lo que buscamos en este tipo de juegos.

Que el sistema de comercio sea generoso también ayuda a que la partida fluya con naturalidad, y es que en general, Farlands quiere ser una experiencia accesible, relajada y agradable, y en ese terreno funciona realmente bien. ¡Os lo recomiendo!

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Farlands sabe introducir suficientes ideas propias para hacerse un hueco entre los simuladores agrícolas. La combinación de granja, fabricación y exploración espacial funciona especialmente bien y convierte cada jornada en una pequeña excusa para seguir descubriendo qué hay más allá de nuestro planeta.
Farlands sabe introducir suficientes ideas propias para hacerse un hueco entre los simuladores agrícolas. La combinación de granja, fabricación y exploración espacial funciona especialmente bien y convierte cada jornada en una pequeña excusa para seguir descubriendo qué hay más allá de nuestro planeta.
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