Una primera toma de contacto con el nuevo terror psicológico de Endflame, que cambia el templo de Ikai por las carreteras nocturnas de Japón.

El terror psicológico es uno de mis géneros favoritos. Bueno, el terror en general. Así que saber que Endflame, responsables de Ikai, vuelven a adentrarse en este terreno hace que me resulte difícil contener la emoción.
Endflame se dio a conocer con Ikai, su ópera prima, una aventura de terror psicológico en primera persona ambientada en el Japón feudal. El juego nos ponía en la piel de una sacerdotisa que debía enfrentarse a los rumores sobre demonios y yokais que rodeaban su santuario. Y lo hacía desde una perspectiva especialmente indefensa. No contábamos con armas para enfrentarnos directamente a las criaturas y buena parte de la tensión nacía de explorar, resolver puzles y realizar los característicos sellos trazando correctamente una serie de patrones, todo ello mientras la amenaza podía aparecer en cualquier momento. Lo disfruté muchísimo.
Después de Ikai, el estudio exploró otros terrenos con Instants y ahora recupera el terror psicológico con Road to Jukai, una propuesta que cambia por completo de escenario, pero mantiene esa conexión con Japón.
En esta ocasión seremos taxistas durante el turno de noche, recorriendo una aislada zona montañosa llena de leyendas. Una carretera aparentemente tranquila que, como era de esperar, está lejos de serlo. El juego llegará en 2027 de la mano de tinyBuild, aunque ya podemos hacernos una idea de lo que nos espera gracias al playtest disponible en Steam.
Y después de jugarlo, tengo bastante claro que Road to Jukai ha conseguido despertar todavía más mi curiosidad. Os cuento.

El playtest arranca de una forma bastante cotidiana. Nos encontramos frente a una máquina expendedora de refrescos y podemos escoger entre varias bebidas antes de comenzar nuestro turno. Hay té, agua, cola e incluso cerveza. En mi caso, teniendo en cuenta que acababa de empezar como taxista y que me esperaba una noche conduciendo, tuve bastante claro que el té era la opción más sensata.
Poco después conocemos a un antiguo taxista que está a punto de jubilarse y que será quien nos introduzca en el oficio. Nadie parece querer cubrir el turno de noche en las montañas, así que seremos nosotros quienes recorramos esas carreteras inhóspitas. Y lo cierto es que la situación ya resulta bastante inquietante por sí sola, incluso antes de que empiecen a suceder cosas extrañas.
Nuestro vehículo tampoco ayuda demasiado. Es un taxi antiguo y sin GPS, así que tendremos que orientarnos utilizando las señales de la carretera y la información que aparece en la unidad central del salpicadero, donde podemos consultar dónde recoger a nuestros clientes y cuál es su destino.
Durante esta primera noche iremos recogiendo pasajeros y siguiendo las indicaciones hasta sus respectivas paradas. Sobre el papel, parece el comienzo de una experiencia de conducción bastante sencilla, pero pronto empezamos a descubrir que estas montañas esconden mucho más de lo que parece.
La zona está marcada por historias relacionadas con la muerte y el suicidio. Algunas personas acuden allí buscando poner fin a su vida, mientras que otras parecen estar vinculadas a las historias que circulan sobre el lugar. Es un elemento importante dentro del planteamiento de Road to Jukai y conviene tenerlo presente, ya que el juego aborda el suicidio como parte de su ambientación y de su narrativa.
Entre mis primeros clientes encontré a una estudiante que recogí cerca de una librería. Desde el primer momento sentí que había algo perturbador en ella. Estaba pálida, apenas hablaba y su presencia transmitía una sensación difícil de explicar.
Durante el trayecto nos preguntó si habíamos visto algo. Decidí dar marcha atrás y mirar a nuestro alrededor. La radio comenzó a interferir y, aunque no llegué a observar nada extraño, la sensación de que había algo ahí no desapareció.
Continuamos el viaje hasta llegar a su destino, pero la historia no termina cuando aparcamos el taxi. La chica nos pide que la acompañemos hasta su casa y decidimos seguirla. Mientras avanzamos por el exterior del edificio, la música cambia por completo, una puerta se abre. Ella comienza a correr hacia su vivienda y nosotros vamos detrás para asegurarnos de que llega bien.
Todo parece haber terminado. Hasta que, al regresar hacia la salida, pasamos de nuevo junto al portal y descubrimos que la puerta sigue entreabierta.
Es uno de esos momentos en los que el juego no necesita enseñarnos demasiado. No sabemos exactamente qué ha ocurrido, pero tampoco necesitamos una explicación inmediata. Algo no encaja y nuestra cabeza empieza a completar los huecos.
El título juega mucho con nuestra percepción y con aquello que creemos haber visto. Sus personajes son misteriosos, algunos hablan poco y otros parecen esconder historias que todavía no conocemos. La sensación es que detrás de cada encuentro hay algo más, aunque el juego no tenga ninguna prisa por explicárnoslo. Y eso, al menos durante este primer contacto, me ha resultado especialmente satisfactorio.

Una de mis sorpresas durante la partida ha sido descubrir que conducir resulta mucho más sencillo de lo que esperaba. No estamos ante un simulador de conducción ni pretende serlo. Aceleramos, frenamos y seguimos las indicaciones mientras intentamos llegar a nuestro destino.
En una ocasión llegué a colisionar con una señal y el vehículo se quedó atascado, así que no tuve más remedio que reiniciar la partida. Salvo este pequeño percance, la conducción me ha resultado cómoda e intuitiva.
También me ha sorprendido descubrir que no me he perdido ni una sola vez. Y quienes me conocen saben que esto no es precisamente habitual en mí. Las indicaciones aparecen con suficiente antelación y están colocadas de manera que podemos anticipar los giros sin tener que estar pendientes constantemente de dónde debemos ir. Esto hace que los trayectos sean fluidos y, sobre todo, que podamos prestar atención a lo que ocurre a nuestro alrededor.
Pero no toda la orientación depende de las señales. En algunos momentos tendremos que aprender a leer el propio entorno para saber dónde estamos. Por ejemplo, cuando buscamos el templo, no encontramos una indicación que nos diga exactamente dónde se encuentra. Sin embargo, la carretera asfaltada con adoquines, los farolillos y el cambio en el ambiente hacen que resulte bastante fácil intuir que estamos acercándonos al lugar que buscamos.
Me gusta especialmente esta combinación porque hace que la exploración no consista únicamente en seguir una flecha hasta nuestro destino. El juego nos proporciona la información necesaria cuando la necesitamos, pero también deja pequeños detalles en el escenario que podemos utilizar para orientarnos por nuestra cuenta.
En cierto sentido, me ha recordado a la jugabilidad de El Retrovisor, de Cubus Games, aunque aquí nos encontramos con una ambientación completamente diferente. La noche es cerrada y la acompaña un manto de niebla. El paisaje resulta inquietante incluso cuando aparentemente no está pasando nada.

Por lo que he podido comprobar, buena parte de este primer contacto transcurre dentro del taxi, pero el encuentro con la estudiante ya nos permite salir del vehículo y recorrer parte del escenario a pie. Es un cambio de ritmo que me ha parecido interesante y que deja entrever que la experiencia no se limitará simplemente a conducir de un punto a otro.
Pero lo que más me ha gustado de esta primera toma de contacto no es tanto lo que ocurre como la sensación que deja mientras estamos jugando. Hay algo incómodo en esos trayectos nocturnos, en esos pasajeros que apenas explican quiénes son y en la sensación constante de que estamos entrando en un lugar donde no deberíamos estar. La niebla, la carretera, la radio, los silencios y esos personajes que parecen saber más de lo que cuentan hacen buena parte del trabajo.
Y aquí hay algo que me parece importante aclarar. No sé hasta qué punto esta forma de plantear el terror se mantendrá en la versión final, pero durante el playtest no he necesitado imágenes explícitas ni grandes sustos para sentir tensión.
Cuando te gusta el terror, tu propia cabeza intuye situaciones, imagina qué puede haber ocurrido y anticipa aquello que todavía no has visto. Road to Jukai deja bastante espacio para que hagamos precisamente eso.
Además, encontré un pequeño detalle que me hizo especial ilusión. El símbolo que aparece durante las pantallas de carga guarda relación con el que ya vimos en Ikai. Son dos juegos muy diferentes, pero encontrar este pequeño vínculo con los orígenes de Endflame me pareció un bonito guiño.
El playtest apenas nos permite asomarnos a lo que prepara Endflame, pero sí ha sido suficiente para despertar mi curiosidad. La conducción es sencilla y accesible, la ambientación consigue crear tensión sin necesidad de recurrir constantemente a grandes sustos y, sobre todo, sus personajes dejan detrás suficientes preguntas como para querer saber qué esconden.
Pero me quedo especialmente con la sensación de no saber exactamente qué estamos viendo. Muchas veces el terror funciona mejor cuando no nos lo enseñan todo. Cuando dejamos una puerta entreabierta y somos nosotros quienes imaginamos qué puede haber detrás. Y, al menos en esta primera toma de contacto, Road to Jukai ha conseguido que mi propia cabeza haga buena parte del trabajo.
Ahora solo queda esperar a 2027 para descubrir qué nos espera en esas carreteras.
